domingo, 2 de abril de 2017

Iniciación

Algo viene, algo pasa. Se cuecen aventuras. Primer desplazamiento y tocando la medianoche, reventón. Alucinante noche estrellada solo manchada por una neblina que aún así deja ver detalladamente lo brillante del firmemente. ¡Que manera de empezar!, pensé. Sin embargo, los pensamientos fueron rápidamente acallados por una melodía apasionante viva, la del río Iandratsay tras largos meses de lluvias incesantes.

Estas cosas me recuerdan al máximo apogeo de Sudamérica, a aquellas cosas que muchos sabemos disfrutar mientras que algunos otros lo ven como algo tedioso. Claro está que el contexto atrae similitudes, pero también muchas diferencias. En especial, en lo personal. Más preparado para disfrutar de estas circunstancias pero menos para hacerlo del país. El tiempo aporta vida mientras los diferentes lugares te la revuelven. 

Poco a poco. De momento, aiza no misy toerana mora hatoriana?, o lo que es lo mismo, 'dónde hay un sitio barato para dormir?'

Empezamos.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Caminos aparte

Escucha a tu corazón y siéntelo salvaje. Disfruta de las locuras que te dicte siguiendo sus caminos y piensa que algo aparentemente perdido, cuando se reencuentra se vuelve épico y colosal. Y muy de vez en cuando, indestructible.

sábado, 18 de marzo de 2017

Matando la paz

"[...] finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida se convierte en una tarde de domingo y ya no nos pide grandes cosas, ni exige más de lo que queremos dar. Entonces creemos que somos maduros, dejamos de lado las fantasías de la infancia y alcanzamos nuestra realización personal y profesional. Nos sorprende cuando alguien de nuestra edad dice que aún quiere esto o aquello de la vida. Pero en realidad, en lo más profundo de nuestro corazón, sabemos que lo que sucede es que renunciamos a luchar por nuestros sueños, a librar el buen combate."

Mientras el viento sople, la primavera llegará en breves instantes. Se acabaron los domingos de muerte, toca volver a tirar piedras a las ventanas de la vida y despertarla del breve letargo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Legzira!

Duermo en Legzira pero me encuentro en Sidi Ifni —a unos 10km de distancia—, al cual he llegado caminando por una de las más espectaculares costas del mundo. Pierdo el bus y ningún taxi me quiere llevar por un precio razonable. Ni siquiera es tan tarde, pero ya hace un par de horas que la noche profunda ha caído.

Carente de opciones, no me queda más remedio que volver caminando. Por suerte, la noche es estrelladamente espectacular y la luna empieza a asomar tras las montañas ofreciéndome suficiente luz para ver por donde piso. También llevo agua y algo de comer, pero caminar otros 10km se me antoja bastante cuesta arriba.

Sí, ya he intentado hacer dedo, pero es de noche y es normal que la gente no pare. Camino por algo más de una hora pero sospecho que no he llegado ni siquiera a la mitad, cuando de pronto las luces de un coche me superar y paran. Intermitentes. Corro porque ha parado lejos y ni siquiera se si lo ha hecho para ayudarme.

Resulta ser un ancianete marroquí que me arenga por caminar sólo y sin luz tan tarde. O eso es lo que puedo descifrar de sus gestos corporales. Desafortunadamente no tenemos más herramientas para comunicarnos. Sólo habla bereber, lo cual es normal. No obstante, sonríe mientras me abronca y me abre la puerta.

-Legzira, Legzira? —le digo apuntando hacia adelante.
-Oui.

El viaje dura no más de diez minutos, él me constantemente pierde de vista la carretera para mirarme fijamente.

-Legzira! —me grita de golpe.

Para. Abro la puerta, pero aún en el asiento, le agradezco el viaje y me toco el corazón en un gesto de fiel gratitud. Súbitamente, me abraza. Me falta el canto de un duro para que se me caigan las lagrimas. Me toca el corazón. Y me lanza un último shukran.

Se va. No sé ni su nombre. A mi me recuerda a mi abuelo.


Lejos de los grandes bazares y las fascinantes y amontonadas medinas existe un Marruecos particularmente autóctono, de la gente humilde que abre su alma y corazón, de la gente que menos tiene y más te da. Seres humanos que comparten sus tradiciones y costumbres, donde se es permitido bajar la guardia, empaquetar los escudos culturales, respirar profundamente y sentirse aliviado.

Estaba equivocado. La gratitud no vale dinero.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Inventiva lingüística

Hay veces en que las cosas no son lo que parecen, ni parecen lo que son. No obstante, cuando estoy en otro país, suele entretenerme la inventiva de crear conversaciones ficticias en una lengua totalmente indescifrable. Jugar a detectives e investigar sobre lo que estarán hablando dos personas aún sin tener ninguna referencia verbal en entornos tan cotidianos como puede ser el autobús o la tienda de alimentación.

A veces, ni conversaciones me hacen falta. La mente se dispara sola con simples elementos del entorno. 



sábado, 12 de noviembre de 2016

El precio de la gratitud

gratitud.

Del lat. gratitūdo.

1. f. Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.


La ciudad de Marrakech nació y resurgió gracias a ser un enclave estratégico para las rutas comerciales de numerosas caravanas que atravesaban el desierto. La historia y los condicionantes socioculturales transformaron en acción pero no en esencia la verdadera simbología de la hoy ciudad más internacional de Marruecos.

En la actualidad, las caravanas comerciales han dejado de tener ruedas para dar la bienvenida a miles de turistas internacionales de igual o más valor.

La falacia utópica planteada en El show de Truman bien puede llegar a representar lo que le sucede a un visitante a su llegada a la bulliciosa ciudad. Arranca con ilusión, quizá ante el asombro de lo que se ve. Un espejismo. 
No quiero imaginar que sea parte de la representación, pero la realidad es que todo esta dispuesto por actores de alta gama que recorren sus calles o esperan sentados en sus encandiladores puestecillos de venta.
Todo fluye y confluye como un baile seductor entre presa y depredador basado en la confianza más familiar. Y que fácil es caer de lleno en la trampa sin llevar una buena coraza que, curiosamente, no se compra sino que se adquiere por experiencia.

Marrakech evolucionó sin perder sus orígenes. Fuimos nosotros ignorantes que olvidamos su pasado.

Los negocios son negocios. Aquí la gratitud se paga.


viernes, 4 de septiembre de 2015

Volver

Una de las cualidades de aprender a viajar es saber reconocer lo que te conviene. La capacidad de haberse conocido a uno mismo muestra perplejo el deseo o la aflicción a saber que es lo correcto o lo deseable en cada momento. 

Madrid siempre fue una etapa con fin. Delimitada quizás antes de estrenarse. Si bien el origen era abierto y confiable a una nueva etapa de descubrimiento, es cierto que los límites siempre fueron marcados por lo imprevisible. Cualquier oportunidad iba a ser aprovechada ante el colosal poder de una ciudad que no deja nada que desear, pero que más allá de eso nunca fue mía. Madrid fue una larga noche de diversión. Una noche que sólo podría ser rota o cautivada por la mujer que más deseaba, la ciudad de Barcelona.

Llegó la oportunidad y con ello el ansia de deseo. Hace ahora casi dos años inauguré una etapa nueva en mi ser con la finalidad de lograr sentirme uno más entre los míos sin rebajarme a las leyes de la mediocridad capitalista.

Vuelvo a casa con un empleo que se volvió, sin quererlo una profesión. Quizá mi única profesión laboral —al menos, a ojos de los demás— en lo que llevo de recorrido vital. Culmina un viaje costoso, con muchas alegrías pero también con más penas de las deseadas. 

Vuelvo a casa por mí, por mi familia que adoro y deseo tener a mi lado, por mis amigos y conocidos, porque las etapas sólo se viven cuando tocan y por eso, y nada más que por eso, hay que disfrutarlas. Me doy mi más sincera bienvenida al lugar donde pertenezco. Un lugar que sólo aprendí a valorar estando lejos. Claro que no es mi último paso. Decir que se cierran etapas no significa otra cosa que decir que se abren otras de nuevas. Si total, de eso de trata la vida.

viernes, 8 de marzo de 2013

Velas

Sigue pasando el tiempo, y pese a todo, hay un indicador de estilo de vida que sigue siendo honesto. No es otro que el hecho de que va a cumplirse mi tercer aniversario fuera de casa. 

El Calafate, en la Patagonia argentina, promovió la contienda. Si bien no fue el primero, fue el episodio inaugural de la serie que espero poder rellenar anualmente. El segundo, desde Rapa Nui, fue algo inigualable, asombrosamente difícil de definir, ni siquiera mediante un ejercicio de inventiva narrativa. El tercero dejará de lado el aspecto anecdótico del asunto para convertirlo en un aceptado modo de vida.

Cork, en la Republica de Irlanda, adelante con tu registro. 

Aun quedan muchas páginas por escribir.


martes, 11 de diciembre de 2012

II. Cuba

Episodio dos. 

Ahora con la recopilación de uno de los momentos eternos del viaje, el reencuentro con amigos de siempre.

I. Animales

Lamentablemente, no dispongo de grandes cantidades de material audiovisual sobre mi viaje. Ahora eso lo hecho en falta, porque sí, las fotografías son sublimes pero son incapaces de registrar los sonidos, las voces, el ritmo de lo que vivía.

No obstante, algo se puede rescatar. En las entradas venideras, intentaré hacer cortas capsulas audiovisuales que se centren, a modo de recopilación, en los pocos momentos grabados de mi viaje.